8/4/2026
¿Qué son las apneas del sueño?
Las apneas del sueño son pausas en la respiración que ocurren cuando las personas duermen. Son inconscientes (no se dan cuenta de que las hacen) y pueden durar segundos o más de un minuto. Ocurren porque, al dormir, baja el tono muscular del cuerpo y eso hace que en algunas personas los músculos de la faringe tiendan a colapsarse. Cuando esos músculos colapsan un poco, al pasar el aire vibran y eso genera el ronquido; sin embargo, si colapsan un poco más, ya no permiten el paso del aire y ahí es cuando ocurre la apnea.

Cada vez que una apnea ocurre, disminuye el oxígeno en la sangre (lo que se llama “hipoxia intermitente”), hay cambios de las presiones dentro del tórax y se activa el sistema nervioso simpático (la parte del sistema nervioso que responde ante situaciones de estrés o alerta). Entonces, para poder volver a respirar, el cuerpo tiene que hacer un “microdespertar”: un despertar muy cortito, de unos pocos segundos, que le permite al cuerpo recuperar el tono muscular y que la vía aérea se vuelva a abrir.
¿Qué consecuencias tienen?
Cuando esto ocurre muchas veces a lo largo de la noche, genera dos problemas principales:
Mal descanso nocturno: las personas con apneas del sueño típicamente tienden a tener despertares a lo largo de la noche, ganas de orinar, sensación de sueño no reparador, boca seca, a veces dolor de cabeza por la mañana y somnolencia durante el día. (Nota: aproximadamente el 50% de las personas que tienen apneas no tienen somnolencia ni sienten que duermen mal).
Riesgo a largo plazo: tener muchas apneas del sueño (sobre todo cuando la apnea es “grave”: más de 30 apneas por hora) aumenta el riesgo de desarrollar múltiples enfermedades como hipertensión, diabetes, insuficiencia cardíaca, arritmias, infartos o ictus. Tener apnea del sueño severa se asocia al doble de riesgo de muerte por cualquier causa.
¿Cómo se diagnostican?
El diagnóstico de la apnea del sueño se realiza mediante estudios específicos del sueño. Los más utilizados son la poligrafía respiratoria y la polisomnografía.
Poligrafía respiratoria
Es una prueba más sencilla que, en muchos casos, se realiza en el domicilio. Consiste en colocar unos sensores básicos: unas bandas elásticas alrededor del pecho (y a veces el abdomen) para medir el esfuerzo respiratorio, una cánula nasal para detectar el paso de aire y un sensor en forma de “dedal” en el dedo para medir el oxígeno en sangre. Con esto se puede identificar si existen apneas y su gravedad.
Polisomnografía
Es el estudio más completo y se realiza habitualmente pasando una noche en un hospital o clínica. Además de los sensores respiratorios, requiere la colocación de electrodos en la cabeza para registrar la actividad cerebral, así como otros sensores que permiten analizar los movimientos oculares, el tono muscular y las diferentes fases del sueño con gran precisión.
Si presentas ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño, somnolencia diurna, cansancio persistente o cualquiera de los síntomas mencionados, es importante consultar con un profesional de la salud. Detectar y tratar a tiempo la apnea del sueño puede mejorar significativamente la calidad de vida y reducir riesgos a largo plazo.